De Cali a Chile: La evolución de mi costura.

De Cali a Chile: La evolución de mi costura.

A veces, cuando estoy en el taller ajustando el último detalle de una chaqueta o trazando el patrón de un traje a medida, el sonido de la máquina de coser me transporta directamente a mis raíces. Mi historia en el diseño de modas no comenzó con bocetos glamurosos ni en desfiles de alta costura; comenzó entre el ruido, la pelusa y el ritmo frenético de los talleres de confección en mi natal Cali, Colombia.

Los primeros hilos: De "patinador" a aprendiz Si miro hacia atrás, le debo mi entrada a este mundo a mi hermano mayor. Fue él quien me llevó por primera vez a un taller donde se respiraba y se vivía la mezclilla. En aquellos días, las máquinas no hacían el trabajo solas. Yo empecé desde lo más básico, trabajando como "patinador": el encargado de organizar, recoger y mover el volumen de trabajo para que la producción no se detuviera.

Estar rodeado de ese ambiente despertó en mí una curiosidad insaciable. Le pedí a mi hermano que me enseñara a coser, y lo que empezó como una inquietud se convirtió en mi obsesión. Mi escuela inicial fue la más exigente de todas: la prueba y el error en el día a día. Aprendí a coser rápido, en volumen, entendiendo el comportamiento rebelde del denim y el índigo directamente desde la trinchera.

La academia y el descubrimiento de la sastrería Sabía que la práctica me había dado velocidad y destreza, pero quería entender el "por qué" detrás de cada costura. Entre los 16 y 17 años, decidí profesionalizar mi vocación e ingresé a la Fundación Academia Dibujo Profesional en Cali para estudiar Diseño de Modas.

Esa etapa fue reveladora. No solo perfeccioné mi técnica con el denim, sino que descubrí un universo completamente nuevo: la precisión milimétrica de la sastrería, la delicadeza de los vestidos de novia y la versatilidad de la ropa de uso diario. Trabajé para grandes marcas, emprendí con mis propias líneas de ropa urbana e incluso me sumergí en el exigente rubro de la alta costura para eventos. Me di cuenta de que no tenía por qué elegir entre la rudeza de la mezclilla y la elegancia de un traje; podía dominar ambas.

Un nuevo horizonte: 8 años en Chile Hace ocho años tomé una de las decisiones más importantes de mi vida: hacer las maletas y radicarme en Chile. Llegar a un país nuevo siempre es un desafío, pero el lenguaje de la aguja y el hilo es universal.

Al llegar, apliqué la misma fórmula que me funcionó en Colombia: trabajo duro y humildad. Pasé por distintos talleres locales y colaboré codo a codo con diseñadores chilenos, absorbiendo todo lo que pude sobre el mercado y el estilo local antes de dar mi siguiente gran paso.

El nacimiento de Bram Silva Toda esa trayectoria —el sudor de los primeros talleres en Cali, las noches de estudio en la academia, los metros y metros de mezclilla cortada, y la adaptación a un nuevo país— convergen hoy en mi proyecto más personal: Bram Silva.

Esta marca es mi manifiesto. Es el lugar donde mis raíces en el denim se encuentran con mi pasión por la sastrería. Cada prenda que sale de mis manos lleva consigo años de aprendizaje empírico y estudio formal. Está pensada no solo para vestir, sino para resistir, acompañar y destacar.

Bienvenidos a mi diario, a mi taller y a mi historia. Esto recién comienza.

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